Jesucristo es paciente y rico en misericordia


Queridos hermanos,

El evangelio que la Iglesia nos regala este domingo reúne tres parábolas muy profundas donde Jesús nos enseña las características del Reino de los Cielos: La parábola central es la del trigo y la cizaña, seguida de la del grano de mostaza y la de la levadura. En éstas últimas, la fuerza de las imágenes está en el contraste entre la semilla casi microscópica o lo exiguo de la levadura y la inmensidad del árbol o de la masa fermentada.

La parábola de la cizaña nos muestra dos enseñanzas fundamentales: la presencia del mal junto al bien y la necesidad de la paciencia. Todos de algún modo y en algún momento de nuestras vidas queremos que el mal desaparezca, que llueva fuego sobre los perversos, que el hacha corte el árbol sin frutos.

Pero recordemos de dónde nos ha sacado el Señor. Cada uno de nosotros tiene su historia personal en la que deberíamos reconocer que el Señor ha sido muy paciente y amoroso con nosotros, esperando pacientemente para que nos decidamos a combatir nuestras miserias. No podemos caer en un “fariseísmo”, soñando con personas perfectas, familias perfectas, comunidades perfectas... Es conveniente vivir de frente o al lado del mal sin pensar obsesivamente en su destrucción; recuerda que Jesús fue amigo de publicanos y pecadores, que dialogó y comió con ellos y también con personas justas y piadosas. En toda circunstancia fue más médico que juez.

La misteriosa mezcla de bien y mal, de esplendores y de miserias que es la historia de la humanidad, es también el campo para una paciente acción del Reino y de la Iglesia. No todo desembocará en ruina, sino en una triunfal “cosecha” de Dios, que hará brillar todo el bien diseminado por los siglos y en las tierras diversas de nuestro mundo.

El Reino de los cielos ha comenzado de manera casi imperceptible. Porque, aunque nuestro pastor fue “crucificado, muerto y sepultado”, el pequeño rebaño recibió una fuerza capaz de alterar y revolucionar la historia. El crecimiento es su dinamismo eficaz desarrollado en medio de luchas dramáticas. En el campo de la historia se contraponen el amo y el enemigo, el grano y la cizaña, el arrancar o el dejar sobrevivir hasta el final.

Nos debemos sentir confrontados cuando comparamos la infinita paciencia que Dios tiene con nosotros, que como dice el Salmo de hoy es “entrañablemente compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera”, con la impaciencia de muchos de nosotros, que hasta nos convertimos en jueces implacables de nuestros hermanos sin considerar que Dios siempre nos espera con infinita ternura. Aprendamos de nuestro Maestro, que es paciente y rico en misericordia.


Con mi bendición paternal,

Padre Alvaro Huertas

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