La Sagrada Familia





Queridos hermanos de Santa Bárbara, En días pasados nos dedicamos a meditar en el misterio de la encarnación de Dios, que se ha hecho un Niño y ha entrado a esta dimensión terrenal para traer la salvación a toda la humanidad. El llegó a este mundo en esa cuna de amor y de acogida que llamamos "familia".


Esta Sagrada Familia conformada por Jesús, María y José es modelo perfecto de familia, no solamente porque nos muestra la sublime realidad de un hecho humano-divino, sino que presenta ante nosotros un modelo que podemos y debemos tratar de imitar como familia.


El Hijo de Dios hecho un niño, como todos los nacidos de mujer, recibía en la familia los cuidados permanentes de sus amorosos padres: María, siempre Virgen, consagraba constantemente su vida a la sublime misión de la maternidad. José, designado para proteger este divino núcleo familiar, cumplía a cabalidad su papel, en silencio y en obediencia a la voluntad divina. ¡Qué escuela de amor, qué misterio sublime! Jesús, Hijo de Dios, pasó la mayor parte de su vida terrena en el seno de una familia, para hacernos comprender la importancia insustituible de esta primera célula de la sociedad.


Esta Sagrada Familia conformada por Jesús, María y José es modelo perfecto de familia, no solamente porque nos muestra la sublime realidad de un hecho humano-divino, sino que presenta ante nosotros un modelo que podemos y debemos tratar de imitar como familia.

La familia por sí misma es sagrada, porque la vida humana es sagrada. Y Dios ha querido que solamente en el ámbito de la institución familiar se engendre, se desarrolle y perfeccione esa nueva vida humana. La sociedad del mañana será lo que hoy es la familia. Por eso debemos poner especial atención a la institución familiar.


La santidad de la familia es el camino firme y el recorrido obligado para construir una sociedad nueva y mejor, y es una llamada urgente para todos nosotros, sobre todo ahora que la institución de la familia está tan amenazada por tendencias que buscan herir su tejido y minar su unidad natural y sobrenatural, debilitando sus valores morales sobre los que se funda

Hay que recuperar el sentido vivo y único de la institución familiar, cuya función no se puede delegar o encargar a otros: la de ser una comunidad de amor, que ofrezca a la vida que nace un nido cálido y seguro, que los hijos puedan educarse en la estima de símismos y de los demás, aprendiendo los verdaderos valores, amando y respetando a sus padres y conociendo y amando al Padre celestial.


La santidad de la familia es el camino firme y el recorrido obligado para construir una sociedad nueva y mejor, y es una llamada urgente para todos nosotros, sobre todo ahora que la institución de la familia está tan amenazada por tendencias que buscan herir su tejido y minar su unidad natural y sobrenatural, debilitando sus valores morales sobre los que se funda. Por eso, las familias cristianas de hoy deben aprender de ese núcleo de amor y de entrega sin reservas que fue la Sagrada Familia.


Roguemos a Jesús, María y José, para que nos protejan y para que renazca por todas partes el don inigualable de la santidad de la familia.


Padre Alvaro Huertas

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