La vid verdadera y el fruto de la salvación



Queridos hermanos,

La viña tiene algo de misterioso y su fruto regocija a dioses y a hombres. La presencia de viñedos es signo de la bendición de Dios, que es presentado en muchos textos bíblicos como viñador. La viña es imagen de sabiduría, fecundidad, riqueza, esperanza, sosiego, alegría. Por eso a los israelitas devotos siempre les consoló recordar que Noé, el justo, plantó una viña en una tierra que Dios prometió no volver a maldecir ni castigar.

La viña evoca siempre la esperanza. “¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?”. Las uvas que Dios espera de su pueblo, viña escogida, son frutos de justicia y no la agria cosecha de sangre derramada.


Dios mismo, propietario de la viña, ha plantado en su viña la cepa auténtica que es Jesús, quien nos ha dado el fruto generoso de la salvación derramando el vino de su sangre, prueba definitiva de su amor. Él es la vid verdadera y sus discípulos los sarmientos fecundos que llevan fruto abundante.

La parábola de Jesús sobre los viñadores homicidas es un poco la continuación del texto de Isaías. El propietario es Dios; los labradores que arriendan la viña representan al pueblo hebreo; los criados enviados son los profetas; el hijo del dueño es Cristo. La historia del pueblo elegido es una secuencia de rechazos, negaciones y delitos, que revela el misterio del pecado y de la incredulidad humana. Pero el nuevo Israel, que es la comunidad cristiana, se identifica con los fieles hebreos, que escucharon la voz de los profetas y creyeron.

Los labradores de la viña que entregan los frutos a su tiempo son los que obran con justicia y defienden el derecho que Dios ha depositado en ellos. Dios mismo, propietario de la viña, ha plantado en su viña la cepa auténtica que es Jesús, quien nos ha dado el fruto generoso de la salvación derramando el vino de su sangre, prueba definitiva de su amor. Él es la vid verdadera y sus discípulos los sarmientos fecundos que llevan fruto abundante.


Dios nos pone en su viña y quiere que la cultivemos y la trabajemos. Si ya nos hemos decidido a seguirle, debemos producir fruto.

El profeta Isaías y el evangelio, utilizando la comparación de la viña, nos recuerdan que la misma se le quitará a los primeros propietarios, y le será entregada a los que de verdad quieran trabajar en ella y cultivarla. Dios nos pone en su viña y quiere que la cultivemos y la trabajemos. Si ya nos hemos decidido a seguirle, debemos producir fruto. Y los frutos tienen que ser nuestras buenas obras, nuestros deseos de ser mejores, nuestras ganas de superación, nuestros intentos de hacer realidad lo que su evangelio nos pide. Les deseo a todos una semana llena de bendiciones.

Padre Alvaro Huertas

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