Los 3 reyes magos venidos de oriente



Queridos hermanos de Santa Bárbara, Los tres Magos iniciaron un largo viaje conducidos por el resplandor de una nueva estrella. Su único objetivo era poder llegar a

encontrar dónde estaba aquel Niño recién nacido, Rey de los Judíos, y poder rendirle honores y ensalzarlo con regalos. Cuando lo encontraron, era un bebé indefenso, frágil, tierno, cobijado en los brazos de su madre…


No conocían el sonido de su voz, pero el simple hecho de verle ya les hizo caer de rodillas. La victoria del Salvador, que ha derrotado al demonio y al mal en mundo entero de generación en generación, ha comenzado por la humildad y ha terminado por la humildad.

No aparecía en él ningún signo de su poder; pero los Magos entendieron en esta bella escena como un gran gesto de humildad. Este santo Niño, el Hijo de Dios, presentaba a sus miradas una enseñanza que más tarde debía ser proclamada a toda la humanidad. No conocían el sonido de su voz, pero el simple hecho de verle ya les hizo caer de rodillas. La victoria del Salvador, que ha derrotado al demonio y al mal en mundo entero de generación en generación, ha comenzado por la humildad y ha terminado por la humildad.


La práctica de la sabiduría cristiana consiste en la sincera y voluntaria humildad, que el mismo Señor Jesucristo ha enseñado como verdadera fuerza desde el seno de su madre hasta el suplicio de la cruz. Sí, por su humildad, Dios omnipotente ha destruido a la muerte y al autor de la muerte y no ha rechazado ni siquiera a los que le hacían sufrir, sino que soportó con gran dulzura y por obediencia a su Padre las crueldades de los que se ensañaban contra El.


Todos nosotros somos la razón por la que Cristo ha venido a este mundo de dolor. Como dice San Juan, si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría con nosotros. ¿Quién se encontrará libre de falta, de modo que la justicia nada tenga de qué reprocharle o la misericordia divina qué perdonarle? Por eso cuando sus discípulos disputaron entre sí quién sería el más grande en el reino de los cielos, El, llamando a sí a un niño y poniéndolo en medio de ellos, les dijo: si no se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Pues el que se humille hasta hacerse como un niño de éstos, será el más grande en el reino de los cielos.


Cristo ama la infancia, que El mismo ha vivido. Cristo ama la infancia, maestra de humildad, que nos enseña la inocencia y la dulzura. De los que son humildes como niños es el reino de los cielos. Recibamos este nuevo año con un corazón humilde y agradecido por el gran amor de nuestro Salvador.


Padre Alvaro Huertas, Párroco

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