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IGLESIA CATOLICA SANTA BARBARA

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Luz de Vida

Muy queridos hermanos, en el deseo y la esperanza de poder continuar encontrándonos para la Misa dominical en este tiempo espiritual de la Cuaresma, en este año marcado por una crisis de salud mundial, les envío esta reflexión que cada semana escribo para ustedes: En el boletín de mi Parroquia de Santa Barbara. Como sacerdote de la Iglesia tienen mi oración diaria y, en especial, la que hacemos en el Memorial de Cristo en la Eucaristía de cada día. Dios no se deja ganar en misericordia, que es su amor en acción y que, en Jesucristo y su entrega de una vez por todas, se perpetúa y renueva una y otra vez, sin límites, en su Iglesia. Este Cuarto Domingo nos encontramos con el segundo signo bautismal: “el de la luz”. El domingo pasado, en el diálogo profundo de Jesús con la Samaritana, nos adentramos en el signo primero que hace referencia al Bautismo: “el del Agua”, el “Agua viva” que es Cristo mismo y, con El, la presencia, don y acción del Espíritu Santo que habita en nosotros desde que nacemos

“por el agua y el Espíritu”, en el Bautismo, como hijos de Dios. Hijos de adopción, pero hijos en ese misterio de la Gracia que es su vida en nosotros. La primera lectura describe la unción de David como rey de Israel y rememora un hecho importante dentro de la historia de la salvación (I Samuel 16, 1b.6-7.10-13a). -Jesús es el hijo de David, a la vez que es el Hijo de Dios. Precisamente le vemos manifestarse, en el evangelio del día, como Hijo de Dios a un ciego de Nacimiento, luego de haberle otorgado la vista (Juan 9, 1-41). -Por lo que a nosotros se refiere, El nos llena de su luz cuando nos invita, por el apóstol San Pablo, a vivir como hijos de la luz (Efesios 5, 8-14). En los Evangelio de estos tres domingos (3-5) de Cuaresma, la Iglesia nos presenta las catequesis de los “misterios”, dirigidas especialmente a los catecúmenos, que se preparan para el Bautismo y la Iniciación cristiana. Las mismas versan sobre los signos por los que, en el Bautismo y la Confirmación, renacemos a la Nueva Vida de Hijos de Dios, siendo regenerados por la muerte y resurrección de Cristo, de nuestros pecados e iniciados a la Vida de la Gracia en el Espíritu. No lo olvidemos: El Agua, La Luz y la Resurrección que veremos el próximo domingo en el relato inolvidable de la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús. Jesús es el Señor de la Vida; El es el amigo que nunca falla y El es el Pan Vivo bajado del Cielo. En la celebración de su Sacrificio redentor que renovamos en cada Misa, tenemos acceso a su Cuerpo y su Sangre como comida y bebida de salvación, prenda de Vida Eterna. Continuamos unidos en la oración y en la Caridad, que es el Amor de Dios hecho obras en nosotros.


Que Dios y La Santísima Virgen nos Bendiga. Que así sea.

Padre Alvaro Huertas