Parábola de los talentos




Queridos hermanos de Santa Bárbara,

Hoy nos debemos preguntar: ¿qué hacemos con los bienes que el Señor nos regala? ¿Cómo los utilizamos?


Al entregar los resultados, los siervos entregan en conjunto lo suyo y lo de su Señor. Los dos primeros demuestran que pudieron entregar ganancias gracias a que Señor les permitió trabajar con su propio capital y por lo mismo le están muy agradecidos, y todo lo estiman como de su Señor.


Llamamos talento a lo que cada cual posee y que puede poner al servicio de los demás, ya sean habilidades, inteligencia, dinero, capacidad de escuchar y dar consuelo, o cualquier otra cosa que podamos utilizar para beneficio de nuestros hermanos

Es por eso que su Señor los premia y llama a cada uno “siervo diligente y fiel”. De esa manera ya el Señor puede estar seguro de confiarles algo de mayor valor e importancia. Ese resultado fue el que les dio la entrada a “tomar parte de la alegría de su Señor”. No dijo lo mismo al otro siervo, quien se asustó de la responsabilidad que El había puesto sobre sus hombros: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado.


Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’... El tercer siervo devuelve íntegro el talento sin haberlo trabajado. Su señor le reprende duramente. Ha defraudado las esperanzas que había puesto en él. Su Señor contaba con la diligencia fiel y laboriosa de su siervo. Pero su holgazanería fue la única causa de que haya quedado improductivo el talento que le había sido confiado. Llamamos talento a lo que cada cual posee y que puede poner al servicio de los demás, ya sean habilidades, inteligencia, dinero, capacidad de escuchar y dar consuelo, o cualquier otra cosa que podamos utilizar para beneficio de nuestros hermanos. Que nadie diga: Yo no tengo sino un talento y nada puedo hacer; pues con solo un talento puedes proceder como se debe.


Tal vez el preguntarnos por qué el hombre rico hace un reparto desigual de sus talentos entre sus siervos no nos sirva de nada. El hecho es que, según su parecer, consideró darle más a uno, al otro menos y al tercero solo una pequeña parte. Tal vez el Señor sabe hasta dónde podemos llegar.


Lo que sí debemos reconocer es que todos hemos recibido talentos de nuestro Señor y que es nuestra responsabilidad ponerlos a producir. Es evidente que el Señor Jesús nos pide que nos arriesguemos y trabajemos sin miedo, poniendo toda nuestra confianza en El. ¿Qué miedos me impiden multiplicar los talentos recibidos? ¿Qué frutos voy a presentar al Señor? Aprovechemos el tiempo que tenemos en esta vida para trabajar con aquellos talentos que El nos ha regalado y así podremos presentar nuestras obras de amor cuando estemos en presencia del Señor.


Con mi bendición paternal,


Padre Alvaro Huertas


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